Es un tema recurrente últimamente. Es muy fácil distanciarse psicológicamente cuando alguien no nos importa o cuando alguien no es importa pero lo tiene muy difícil para estar mejor.
Que se conjuguen las dos condiciones, que sea alguien que nos importa y que lo tenga muy fácil para estar mejor, nos genera en nosotros un ímpetu y ansiedad constantes en torno a él.
¿Le he dicho lo que tenía que decir? ¿He hecho lo que tenía que hacer? Esto es el principio para despreocuparse pero muchas veces puede no ser suficiente.
Hay personas que se han resistido ha asumir que seres queridos y cercanos suyos han querido dejar de vivir, o una parte suya ha querido dejar de vivir. O, en otras palabras, no quieren luchar más, o, en un área en concreto de su vida se han rendido y no quieren luchar más. O quizá, quieren ganar esa guerra sólo en la manera que la están luchando y sin querer tomar otra estrategia.
Muchas veces, extralimitarnos primero nos acaba quemando y segundo, hasta que punto estamos intercendiendo ante el libre albedrío de la otra persona. Y además, nos estaremos poniendo en un rol de padre, madre, herman@ mayor que lo más seguro es que no nos corresponda.
Cuando una persona «se enroca» lo único que nos queda fatídicamente es aprender para no ser igual.
Y como dice el proverbio árabe, si te engañan una vez es culpa de quién te ha engañado, pero si te engañan dos veces es culpa tuya. Es más fácil no darse cuenta o hacer como si nada de que un ser querido cercano ha escogido un camino ciertamente inerte o autodestructivo o que simplemente se ha encallado en una forma de ser y no quiere evolucionar más de ahí. A esto normalmente se le viene una prolongada primera fase de duelo: la negación.
Mantenemos y mantenemos ese elefante en la habitación hasta que engorda tanto que termina resquebrajando las paredes.
Como terapeutas nuestro rol es hacerle ver al paciente y a aceptar dicha situación, siempre desde el enfoque más aséptico y objetivo posible. Tenemos que desencasquillar ese proceso de duelo y tratar a nuestro ser querido por sus hechos en este momento. Esto no quita quién ha sido ni cómo le queramos recordar, pero forzar nuestras expectativas, como hemos dicho anteriormente, acabará por quemarnos.
Hay personas que son patronas de las causas imposibles e insalvables, pero también hay padres que por lo que sea, se han quedado en que proveer de lo básico ya es cumplir su función (que no es poco y menos hoy en día). Pero obviamente, quedarnos ahí es un caldo de cultivo para carencias y malestar psicológico.
Deja un comentario