«Caminar por la incertidumbre es como caminar por el desierto. No sirve de nada patalear, no sirve de nada correr: no sabemos si el final estará dentro de 100 metros o de 1000 kilómetros. En todas las tradiciones religiosas, el desierto es la prueba en la que el alma se somete a la mayor presión para comprobar su pureza. El desierto acabará y nunca podrás volver a él para estar orgulloso de cómo caminaste.»

El término «síndrome del superviviente» surgió de las observaciones clínicas en traumas masivos del siglo XX, inicialmente denominado «síndrome de los campos de concentración» por psiquiatras noruegos como Askovold y Eitinger en los años 70, quienes documentaron que un alto porcentaje de supervivientes de campos nazis padecían ansiedad crónica, depresión, fatiga, insomnio y aislamiento social. El termino terminó de popularizarse en los años 80 con el DSM-III al vincular el TEPT (Trastorno de Estrés Post-Traumático) como síntoma clave. Esto se extendió por veteranos de Vietnam, desastres como el Challenger (1986) y contextos laborales vía Noer (1993, downsizing).

Criterios Trastorno de Estrés Post-Traumático
  • Exposición a muerte, lesión o violencia sexual (directa, testigo o indirecta).
  • Recuerdos intrusivos o pesadillas recurrentes.
  • Flashbacks o reacciones intensas ante recordatorios.
  • Evitación persistente de pensamientos o estímulos relacionados.
  • Incapacidad para recordar aspectos clave del trauma.
  • Creencias negativas persistentes sobre sí mismo o el mundo.
  • Desapego emocional o anhedonia marcada.
  • Hipervigilancia o respuestas de sobresalto exageradas.
  • Irritabilidad, conductas imprudentes o agresivas.
  • Alteraciones en concentración o sueño.
  • Duración superior a 1 mes con deterioro funcional.

Noer analizó el downsizing (reducciones drásticas de plantilla en pro de la eficiencia), mostrando que supervivientes experimentan culpa, ansiedad, estrés crónico, desconfianza hacia la empresa, baja motivación, insatisfacción y deseo de abandono laboral. Sus estudios revelaron que cinco años tras un despido masivo, persisten síntomas como agotamiento, depresión y miedo, con menor compromiso organizacional, menor productividad y mayor absentismo. El término se extendió en psicología laboral para EREs / reestructuraciones, confirmando efectos similares a traumas masivos de mayor gravedad.

El estrés post-traumático puede ser un hecho fatídico puntual, es decir, concentrado en un momento temporal determinado o también puede ser, un proceso erosionante a cuentagotas mantenido tediosamente a lo largo del tiempo. Bessel van der Kolk popularizó el Trastorno de Trauma del Desarrollo (DTD), defendiendo su reconocimiento más allá de los criterios del TEPT del DSM-5. En su definición de DTD, la exposición crónica a negligencias interrumpe la maduración cerebral «dependiente del uso», generando déficits en autorregulación, agresividad, control de impulsos, problemas somáticos (sueño / apetito) y desconfianza relacional.

Este estrés, sea traumático-puntual o leve-crónico, se retroalimenta con una incertidumbre que puede desajustarse de la estabilidad objetiva de nuestra situación.

Hay diversos factores que pueden precipitar el desajuste de estrés y ansiedad psicológica por incertidumbre, como un largo proceso de migración, una trayectoria de precariedad constante y/o otros continuos cambios. Cuanto más hayamos acumulado estás experiencias, más riesgo tenemos de sufrir este cuadro de forma desproporcional a la estructura objetiva que tenemos y que objetivamente se prevé seguir teniendo: tanto porque no hemos descansado bien tras alcanzar cierta estabilidad como porque llevamos tanto tiempo «sobreviviendo», que la estabilidad parece irreal.

De la misma forma, podemos sufrir incertidumbre respecto a otras áreas vitales, que a un familiar le vaya bien con una enfermedad, que un amigo consiga superar una ruptura, que otros cercanos puedan conseguir su propia estabilidad laboral, etc. Querer sobrecontrolar la incertidumbre puede retroalimentar nuestro trauma y estrés al mantenernos a la defensiva, pudiendo incluso generar profecías autocumplidas. Todo esto, también nos puede superar, acabando totalmente extenuados y quemados, en un cuadro de burnout.