
Los criterios diagnósticos para el Trastorno Depresivo Mayor (TDM), se basan principalmente en el DSM-5, requiriendo al menos cinco síntomas presentes casi todos los días durante un mínimo de dos semanas, con al menos uno de ellos siendo estado de ánimo deprimido o pérdida de interés o placer (anhedonia).
Los grandes avatares de la vida cotidiana —rupturas, pérdidas— suelen detonar episodios depresivos graves. En quienes ya traen la predisposición genética o psicológica, la herencia genética carga con cerca del 50% de las causas (menos en depresión de inicio tardío), haciendo que sea mucho más habitual en familiares directos, gemelos idénticos y superior en mujeres. Los genes también afinan cómo reaccionamos con bajón a los mazazos vitales. En paralelo, desajustes hormonales entran en escena, sobre todo en ejes como hipotálamo-hipófisis-suprarrenales, tiroideos o de hormona de crecimiento.
Estos síntomas deben causar deterioro significativo en el funcionamiento social, laboral u otras áreas, sin explicarse por sustancias, condiciones médicas o trastornos psicóticos. Se necesitan cinco o más síntomas en total (incluyendo al menos uno de los principales), como:
Criterios Principales (A)
· Estado de ánimo deprimido la mayor parte del día, casi todos los días (puede ser subjetivo o observado por otros).
· Disminución marcada del interés o placer en todas o casi todas las actividades (anhedonia).
· Pérdida o ganancia significativa de peso (o cambio en apetito); en niños, fracaso en el aumento de peso esperado.
· Insomnio o hipersomnia.
· Agitación o enlentecimiento psicomotor (observable por otros).
· Fatiga o pérdida de energía.
· Sentimientos de inutilidad o culpa excesiva/inapropiada (puede ser delirante).
· Disminución de la capacidad para pensar, concentrarse o tomar decisiones.
· Pensamientos recurrentes de muerte, ideación suicida, intento o plan específico.
Criterios Adicionales (B-E)
· Deterioro significativo: Malestar clínicamente relevante en áreas clave del funcionamiento.
· No atribuible a sustancias o enfermedades médicas.
· No exclusivo de trastornos psicóticos como esquizofrenia o delirante.
· Ausencia de episodios maníacos o hipomaníacos (distingue de trastorno bipolar).
Los síntomas deben representar un cambio respecto al funcionamiento previo y no ocurrir exclusivamente en duelo no complicado. En contextos clínicos como psicología sistémica o terapia breve estratégica (de interés profesional), se evalúa también el impacto relacional y se descartan comorbilidades. Para diagnóstico formal, consulta siempre con un profesional de la salud mental.
A nivel cerebral, teorías apuntan a mensajeros químicos descontrolados: acetilcolina, catecolaminas (noradrenalina / dopamina), glutamato o serotonina (5-HT). Es por esto, que solo trabajo con una persona diagnosticada de TDM acompañado de, cuanto menos, un mínimo seguimiento psiquiátrico. Asimismo, con otros problemas depresivos, aunque no sean tan graves, también es prudente acudir al psiquiatra en paralelo.
Álvaro fernández cencerrado
Psicólogo Sanitario Colegiado M-37645
info@alvarofernandezcencerrado.com
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