Cuando pretendiendo «salvar» una vida, mueren dos personas en vida

El síndrome del salvador un concepto descriptivo popularizado en la psicología y autoayuda desde los años 80-90, inspirado en el Triángulo Dramático de Stephen Karpman (Víctima-Perseguidor-Salvador). Es un patrón psicológico caracterizado por la necesidad compulsiva de «rescatar» a otros de forma excesiva, asumiendo sus problemas para validar la propia autoestima, lo que genera relaciones codependientes donde el salvador controla sutilmente y el ayudado permanece en victimismo. Surge de miedos al abandono, baja autoestima y heridas emocionales, manifestándose en frustración crónica, agotamiento y resentimiento cuando no hay gratitud, dentro del triángulo dramático . Esta dinámica tóxica impide el crecimiento autónomo de ambos; para superarlo, se requiere establecer límites firmes, practicar autocuidado, terapia cognitivo-conductual que cuestione la responsabilidad total por otros, y fomentar la independencia del ayudado, transformando el «altruismo controlador» en relaciones sanas y recíprocas.

No confundir el síndrome del salvador con el síndrome del cuidador principal, dónde la dialéctica del ayudante y el ayudado es mucho más clara y atiende a otra etiología.

Para entender la dependencia emocional es fundamental entender la codependencia. Compañeros, familiares, amigos, relaciones, aunque también podemos llegar a hablar de un trabajo, la misma terapia, hobbies, viajes, etc.

En las relaciones codependientes, nuestra implicación rellena vacíos de la otra parte; mientras que la otra parte, rellena vacíos nuestros.

No necesariamente esto inhibe el desarrollo personal, pero precipita que sea muy fácil asentarse en dicha zona de confort, cuyos efectos a largo plazo no los podemos predecir con seguridad. Para prevenir y revisar este aspecto, podemos acudir a sesiones de terapia pareja y/o familiar. Procurar ser «naranjas enteras» no es incompatible con el compartir y generar roles equilibrados.

Por otro lado, no tiene sentido hablar de codependencia en un recién nacido que depende de sus padres. Asimismo, en toda pareja y familia se pueden generar roles perfectamente sanos y equilibrados. Hablamos de codependencia, con connotación negativa en mayor o menor grado, solo cuando directamente se ve cierto grado de estancamiento en una zona de confort que lastra dichas posibilidades de desarrollo personal.

El apoyo es necesario, debemos pedir ayuda. Pecar de autosuficiencia también te vuelve una víctima de ti mismo.

Pecar de autosuficiencia, máxime, cuando la dependencia emocional se posa sobre el trabajo («workaholic»), sobre determinadas conductas como vías de escapes o sobre una substancia que empiezo a consumir para «apoyarme». De primeras, nos quedamos saciados, pero cada vez necesitamos más y más. Cada vez con más impulsividad. Cada vez dejando de lado otras áreas importantes. Y, sin darnos cuenta, hemos generado un patrón adictivo.

Las adicciones pueden llegar a ser un infierno y, estancarse en una «aparente relación de ayuda», también.

Tanta responsabilidad tiene la persona que se presta ayudar, que da el brazo a torcer, como la persona que se aprovecha apoyándose más allá de lo justo. No obstante, son muy pocos los casos donde la responsabilidad esté repartida a partes iguales: hay veces que incluso, ha tenido más responsabilidad la persona que ha dejado crecer la «mala hierba», dando su brazo a torcer y cargando con el peso.

Por el contrario, no suelen venir a terapia a cuestionarse las personas que se están aprovechando de una situación ¿por qué iban a hacerlo? ¿Por qué iban, coloquialmente hablando, a bajarse de la «burra» si la «burra» sigue cargando? Consecuentemente, suelen venir más las personas que están quemadas de sostener una situación.

Es un gran paso el reconocerlo y tomar acción, máxime cuando podemos enfrentarnos a victimismos narcisistas que nos pueden llegar a suponer una amenaza desde diversos ángulos, ya sea por un ataque deliberado hacia nosotros mismos o, por otro lado, la amenaza autolítica de dicha persona.

De nuevo, hay que apoyarse y ayudarnos. Es una necesidad y un deber.

No obstante, si abusamos de esta llamada de auxilio, la situación se convierte en la historia interminable del popular cuento de «Pedro y el Lobo», dónde Pedro bromeaba con que venía el lobo y cuando vino el lobo de verdad, ya nadie respondió. Es muy importante poner límites antes de quemarse, inclusive y aunque suene paradójico, para poder ofrecer una ayuda sana, realista y eficiente.

Es muy difícil renunciar absolutamente al control de que una persona esté bien pero, en tanto y cuanto, podamos profundizar en ello, más espacio le otorgamos a dicha persona para evolucionar y actuar en consecuencia. Podemos no estar preparados para este momento, es muy importante ir a tu ritmo y hacer una buena estrategia. Si queremos ir sin estrategia respecto una dependencia emocional, corremos el riesgo de volver a dar nuestro brazo a torcer a la hora de la verdad, empezando otro ciclo de la rueda del vínculo tóxico.

La bruja Yubaba y el bebé, «El Viaje de Chihiro», Studio Ghibli.

Y es que la mayoría de veces, el evitar renunciar a todo lo que llevamos invertido en una relación, puede llegar a ser muy difícil de aceptar y perdonar.