En paralelo al trabajo de los miedos, bloqueos y falta de confianza, lo más importante es: empezar a entrenar. Situaciones sociales, situaciones familiares, situaciones laborales, situaciones conyugales… Si nunca he entrenado los músculos de las habilidades sociales y la comunicación (o llevo mucho tiempo sin entrenarlos) no puedo pretender ir al «gimnasio de la vida social» a levantar «las pesas más pesadas de la vida social». Tendré que empezar por las pesas más fáciles, primero las de 1kg, luego las de 2kgs y así sucesivamente hasta llegar a mi objetivo.

Hasta, por increíble que parezca, poder saltar al vértigo del vacío de forma absolutamente relajada.

Todos conocemos la teoría de la asertividad: es importante expresarnos en primera persona con el «yo siento» para generar un principio de empatía auténtica, seguido de la validación del espacio del otro, para volver a cerrar con lo que implica para nosotros y lo que queremos. Esta técnica es la técnica «sandwich»: pan, jamón, pan. Mi espacio, tu espacio, mi espacio. No obstante, la mayoría de personas que vienen a terapia, les falta práctica, incluso llegar a estudiar muchos conceptos teóricos puede darte un mayor miedo y rigidez de cara a empezar a soltarte.

Para muchas personas, ir por primera vez al psicólogo y exponerse a una persona que, eventualmente, no nos conoce de nada, ya es un gran ejercicio práctico aunque te quedes bloqueado y no sepas que decir. No te preocupes, es absolutamente normal, iremos poco a poco, te sentirás bien y te puedes sorprender de lo que puedes evolucionar con pocos ajustes personalizados a tu psicología, historia de vida y momento vital. Te anticipo un ejercicio, que no es la panacea, pero sí un principio de desbloqueo y de entrenamiento:

Escribe todo lo que dirías si te pudieras expresar de forma absolutamente libre y supieras que,
solo, solo y solo de esta manera, conseguirías a la perfección los resultados esperados.

Tras esta parte, el texto se puede editar, interpretar, grabar… No te vuelvas obsesivo tampoco respecto al entrenamiento es mejor entrenarlo con una persona de apoyo sea un amigo, un compañero, un familiar o un psicólogo.

Todo empoderamiento comunicacional pasa por trabajo psicológico, entrenar la comunicación y estudiar el tema en concreto.

Estos tres ejes, te llevan a transmitir relajación y confianza. Es muy importante que el trabajo psicológico esté adaptado a ti en un plan de intervención que desgrane sucesivamente y en paralelo los objetivos a trabajar de forma holística e integrativa. No es el momento de practicar las habilidades sociales y la comunicación si tengo una ansiedad alta o algún problema vital que acaba de pasar recientemente.

Siempre lo que más cuesta es la primera vez.

Simplemente recuerda otras primeras veces en tu vida ¿cuánto creías que te iba a costar dar el paso? y luego, ni de lejos, fue para tanto. Como el ejercicio propuesto, hay que buscar qué diría de forma totalmente libre y relajada, hay que, como mínimo, intuir esa escultura que está como diamante en bruto dentro de la piedra que iremos cincelando.

Hasta incluso el hablar de no saber lo que quieres hablar, el hablar de lo que quieres evitar, nos va dando información a los psicólogos para irte ayudando a desbloquear, a cincelar.

¿Qué es lo peor que podría pasar? ¿Hasta que punto es realmente probable que pase eso con la intensidad que siento que va a pasar? Y, si pasa eso, ¿ocurre algo catastrófico?

Aun así, también puedo construir una estrategia para si pasa la peor situación cuyo objetivo, más que el tener un plan B por si eso pasa, es aliviar mi ansiedad de que eso pueda pasar al sentirme más protegido por dicho plan B. A su vez, es importante revisar un poco los hábitos y la preparación para dicha comunicación, el estar descansado, el haber hecho algo de ejercicio físico hasta 4 horas antes, me va a dar mucha más frescura. Para personas que tienen que mantener largos periodos de comunicación sea por trabajo (atención al cliente) u otros, también es importante echar un vistazo a la sección de rendimiento y longevidad.