«De cada una de tus áreas vitales nacen ríos que desembocan en tu autoestima»

Hay ríos en tu vida que tienen más longitud, otros más caudal y otros más relevancia, aunque no sean ni los más largos ni los más caudolosos.

Salvo hitos puntuales, como éxitos o fracasos, como buenas o malas etapas, la autoestima se construye a lo largo de la vida.

No se trata de quererse «porque sí», sino de comprender quiénes somos y cuidarnos de forma sostenible y progresiva en todas nuestras áreas vitales.

Cuando entendemos en qué momento estamos y por qué estamos viviendo, algo dentro cambia.

Empezamos a vivir desde un lugar más tranquilo, más genuino, donde el bienestar no depende tanto de lo que ocurre fuera.

El bienestar y el autocuidado es la principal víctima cuando estamos en una mala etapa y uno de los principales protagonistas que ayuda a salir de ella.

No obstante, hay veces que hay bloqueos en nuestros ríos y requerimos de un enfoque más profundo.

Si realmente no hay absolutamente nada que pueda estar bloqueando alguno de tus ríos, toda autoestima tiene un grado de coherencia con nuestras acciones de autocuidado. También es normal tener dificultades para identificar qué es lo que me está pasando.

Una mala autoestima puede llegar a ser útil si es coherente con el momento que estoy viviendo y me lleva a actuar en consecuencia.

Una autoestima alta tiene riesgo de ser una pose egoica cortoplacista.

Lo importante de la autoestima es que esté equilibrada.

Es sano que, ante las adversidades, pidamos ayuda y nos apoyemos en amigos, familiares, parejas, trabajo, autocuidado, terapias, hobbies, viajes, no obstante, el apoyarnos demasiado, el, incluso, haber podido generar una zona de confort demasiado grande, puede llegar a generar dependencia emocional.